Por qué llegas al agotamiento
Y confío en que no sea crónico.
Hoy te voy a compartir sobre el agotamiento crónico o burnout, una realidad todavía demasiado silenciosa, que mina la salud de muchísima gente, especialmente entre quienes ocupan posiciones de alta dirección.
María, directora general de una gran empresa, solía estar al borde del agotamiento. Su historia nos enseña mucho sobre la importancia de establecer límites.
María era casi adicta a su móvil. Lo revisaba en cada momento libre, desplazándose interminablemente por redes sociales y verificando correos, incluso fuera de horas laborales. Esto la dejaba totalmente agotada, al límite del burnout, cuando llegaba al final de cada semana.
Todavía hay personas que lo confunden con depresión o ansiedad generalizada. Y es algo distinto.
El burnout es resultado de una exposición continua a situaciones de estrés que, con el tiempo, drenan tu energía, reducen tu capacidad de enfoque y minan tu motivación.
Curiosamente, es cada vez más frecuente, pero sigue siendo un tema tabú.
Para muchos, admitir agotamiento o desgaste es casi como aceptar una debilidad o una falta de fortaleza personal. A menudo, se piensa que aquellos que alcanzan el límite de sus fuerzas simplemente no son lo suficientemente fuertes o resilientes.
No solo es una percepción errónea, sino muy peligrosa. El burnout no discrimina; afecta a personas brillantes y comprometidas, independientemente de su capacidad.
Cuando un líder llega al límite, el impacto no es solo personal; afecta a su equipo, a sus decisiones y, en última instancia, a la organización en su conjunto. Además de a la familia. Hay que hacer algo mucho antes de llegar al límite.
Y eso hizo María. Creo que puedes aprender algo de su historia.
Durante unas vacaciones en Suiza, decidió dar un paso drástico. Las altas tarifas de datos móviles fueron el empujón que necesitaba:
no usaría su teléfono durante los 10 días de vacaciones.
Aunque su pareja se rio y pensó que no lo lograría, María se comprometió.
Los primeros días fueron duros, comparables a dejar de fumar: «Los síntomas eran los mismos», pensó María. Sin embargo, a medida que avanzaba, algo cambió. No solo aguantó los 10 días sin su teléfono, sino que regresó sintiéndose más energética y creativa que nunca.
De vuelta a casa, tomó una decisión: eliminó todas sus redes sociales y desactivó todas las notificaciones. También programó su móvil para que no le entrara nada durante las horas nocturnas. Se dio cuenta de cuánto tiempo de su vida estaba perdiendo y cuánto mejor se sentía sin esa constante distracción.
María me comentó que nadie percibió su ausencia en las redes, pero que ella notó una transformación profunda: «Recuperé una energía que creía perdida y volví a conectar con mi creatividad.» Hoy, María tiene niveles de energía mucho más altos cuando llega el fin de semana. Su equipo y su familia la notan más presente, más serena y enfocada en sus interacciones con ella.
Ha dejado de desperdiciar su enfoque en distracciones y ha aprendido a invertir su tiempo y energía en lo que realmente importa, tanto en el trabajo como en su vida personal.
La mayoría de las personas en posiciones de alta dirección no tiene una estrategia consciente de gestión de su energía y enfoque.
Esto las lleva a revisar el teléfono constantemente: durante sus conversaciones con otras personas, en la cena familiar, justo antes de ir a dormir… Esa falta de control las sumerge en un ciclo continuo de estrés y distracción.
Lo que yo he aprendido de las personas que rinden a un nivel alto sin agotarse es que todas tienen una estrategia consciente para el uso del móvil.
Algunas guardan su móvil fuera de la vista en sus reuniones o al llegar a casa, otras avisan a sus colegas que solo responderán a emergencias a través de una llamada, pero todas tienen algo en común: ya no son esclavas del móvil.
Si este tema despierta tu interés y buscas formas de maximizar tu rendimiento sin sacrificar tu salud y bienestar, en el Programa CHIEF exploramos cómo diseñar estas y muchas otras estrategias de gestión de tu energía personalizadas para líderes como tú.
Además, tu responsabilidad es grande. Tu ejemplo cotidiano es fundamental para crear una cultura que minimice el riesgo de burnout en tu organización.
Cuídate, P.
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