No falta talento
Sino que el sistema lo expulsa
Cada vez que hay elecciones, escucho el mismo tipo de frases:
«¿De verdad no hay nadie mejor?» «¿Dónde están los líderes con visión, con madurez, con sentido del bien común?» No son preguntas estúpidas.
Porque sabemos que ese tipo de líderes sí existen.
Hombres y mujeres con trayectoria, con capacidad para gestionar complejidad, con una brújula ética clara.
Conozco algunos que incluso han coqueteado con la idea de meterse en política…
y han salido espantados.
¿La razón?
No es que falte talento.
Es que el sistema no lo atrae.
Los incentivos en política no están diseñados para atraer a los mejores.
Están diseñados para premiar otras cosas:
la obediencia ciega al líder del partido, la capacidad de simplificar la realidad hasta el absurdo si hace falta, la habilidad para hundir al adversario, no para dialogar con él, y el talento para repetir consignas, no para abrir conversaciones difíciles.
No para contener matices o para tomar decisiones con visión de largo plazo.
No se espera pensamiento propio. Se espera lealtad, contundencia, agitación.
Así que, con el tiempo, el sistema se va vaciando de los mejores.
Y lo que queda es un reflejo de lo que el sistema tolera.
Pero esto no solo pasa en la política.
También ocurre en muchas empresas.
Las reuniones donde cada uno defiende “lo suyo” como si estuvieran en trincheras.
Finanzas, Personas, Marketing, Operaciones… hablando el mismo idioma, pero sin escuchar lo mismo.
Todos con buenas razones. Pero con KPI contradictorios. Todos empujando en direcciones apenas compatibles.
Y tú en medio, tratando de alinear sin amputar.
Intentando que no se imponga el más ruidoso.
Tratando de proteger el valor a largo plazo sin que te acusen de frenar la ambición.
O quizá recuerdas a alguien en tu equipo, brillante, incómodo, con una mirada más amplia, que se fue antes de tiempo.
No por falta de talento, sino porque el sistema no supo sostener su voz.
Porque hacía preguntas que nadie quería responder.
Y tú, como CEO, puedes ver todo eso.
Pero a veces tampoco tienes mucho margen para cambiarlo.
Porque tú también has sobrevivido en ese sistema.
Tú también has tenido que priorizar, negociar, renunciar.
Has llegado lejos, pero no porque el sistema esté bien diseñado… sino porque supiste moverte dentro de las limitaciones.
Y quizá justo por eso, ahora estás en posición de algo distinto.
De no seguir afinando tu liderazgo dentro de ese marco… sino de empezar a redibujarlo.
De preguntarte qué tipo de conversaciones ya no caben… y qué haría falta para que otras sí.
De cuestionar qué tipo de talento se queda, y por qué otros se van.
De construir una cultura que no premie solo la alineación, sino también la evolución.
No es fácil.
Pero es posible.
Y es urgente.
En Addventure trabajamos con líderes que no están rotos, ni perdidos. Están listos.
Listos para dejar de perfeccionar el sistema heredado… y empezar a construir el que su liderazgo necesita.
Cuídate, P.
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