Llevamos el fuego
Esta semana he vivido algo extraordinario.
Dos días de trabajo intenso y profundo con 33 directivos de una gran empresa farmacéutica, con su CEO al frente. Y no cualquier empresa.
Una organización que no solo habla de propósito, sino que lo vive.
Que no solo diseña políticas de personas, sino que las encarna.
Una de esas raras compañías que son abanderadas de prácticas avanzadas de liderazgo y gestión de personas.
Que desde los accionistas hasta el último operario entienden que el negocio sin alma… no es sostenible.
Desde el equipo de Addventure les estamos acompañando a activar un nuevo modelo de liderazgo.
Uno más presente. Más consciente. Más vivo. Y lo que ocurrió ahí es difícil de explicar solo con palabras.
Bajaron las defensas. Se escucharon de verdad. Pararon. Y en ese parar, algo se encendió.
No es casualidad que fueran 33.
Como los años de Cristo, símbolo de entrega y transformación.
Como los 33 mineros chilenos, que resistieron bajo tierra con coraje, conexión y fe.
Como las vértebras de la columna, por donde asciende la energía vital cuando despertamos.
33 no es un número cualquiera. Es símbolo de profundidad, de sostén, de fuego interior.
Ese fuego… estuvo presente.
Al cierre, les compartí sobre La carretera, la novela de Cormac McCarthy.
Un padre y su hijo caminan por un mundo devastado. Todo está roto. Pero hay una promesa que los mantiene de pie:
“Nosotros llevamos el fuego.”
Ese fuego no se ve. Pero sostiene.
Ese fuego es esperanza, entrega, dignidad, humanidad.
Es elegir no perder la humanidad en un mundo donde todo se deshumaniza.
Y estos 33 directivos llevan el fuego. Lo eligieron ellos.
Vamos a seguir trabajando con ellos. Porque nos necesitamos mutuamente. Nos vamos a apoyar para que nuestro fuego no se apague, para compartirlo con otros.
Porque cuando ese fuego se comparte… no se debilita. Se multiplica.
Cuídate, P.
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