Llegar tocado a lo mejor
No hagas como la mayoría
Durante mucho tiempo nos han contado una historia que hoy ya tiene sentido.
La historia dice que los mejores años de la vida eran los de máxima intensidad profesional. Los de empujar fuerte. Los de construir, demostrar, crecer, resistir. Los de dormir poco, viajar mucho y vivir con el corazón acelerado.
Así, además haces “caja” para después.
Y que en ese después… ya vendría el descanso.
Pero estamos bien entrados en el siglo XXI y sabemos que esa narrativa si no falsa, es cuanto menos incompleta. Y peligrosa.
Hoy sabemos algo distinto: los mejores años de la vida, en términos de serenidad, creatividad, aprendizaje profundo y contribución con sentido, llegan después de la jubilación tradicional.
Llegan cuando ya no tienes que demostrar nada.
Cuando la experiencia se convierte en sabiduría.
Cuando puedes elegir mejor dónde poner tu energía.
El problema es que muchos directivos no llegan bien a esa etapa.
Llegan con el cuerpo castigado. Con patologías cardiovasculares. Con enfermedades inflamatorias crónicas. Con la mente saturada, el sistema nervioso alterado y una fatiga que ya no se va descansando un fin de semana.
Y está claro que no suele ser por falta de inteligencia. Ni por mala suerte. Ni siquiera por falta de ejercicio, aunque el sedentarismo influye.
En la mayoría de los casos, el gran responsable tiene nombre y apellido:
estrés crónico sostenido durante años.
Un estrés normalizado. Aplaudido. Incluso premiado.
Un estrés que se disfraza de compromiso, de responsabilidad, de liderazgo.
Un estrés que no te rompe de golpe, pero te va desgastando por dentro, poco a poco, mientras sigues funcionando “razonablemente bien”.
Hasta que un día te das cuenta de que has llegado lejos… pero no has llegado entero.
Y lo más doloroso no es lo que perdiste por el camino. Es lo que vas a perder después.
Porque la verdadera tragedia no es trabajar duro en tus años de máxima potencia.
La tragedia es hipotecar los años más libres y fecundos de tu vida futura por no haber aprendido a cuidarte antes.
Cuidarte no como un lujo. Ni como un premio.
Sino como una responsabilidad estratégica contigo mismo y con los que vendrán después.
Porque no se trata de vivir más años.
Se trata de llegar bien a los mejores.
Cuídate, P.
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