La reunión contigo que sigues cancelando
Pero que es lo más importante
Este correo no es para decirte que pares.
Ni que medites, ni que te vayas a dar un paseo al bosque.
Es para ponerte frente a una verdad incómoda que puede estar minando tu liderazgo desde dentro:
No es que no tengas tiempo, es que has olvidado tenerlo para ti.
Y eso, a la larga, te aleja no solo de ti mismo, sino también de lo mejor que puedes ofrecer a los demás.
Hace unos meses, un directivo de una gran tecnológica me dijo:
“Cada semana agendo una hora solo para pensar. Para revisar mis prioridades, tomar distancia, afilar el hacha… Ya sabes. Pero siempre aparece algo urgente. Y siempre la cancelo. Lo peor es que ya ni me molesto en borrarla.”
Esa era su forma de decir: “yo no importo”.
No con palabras, claro. Con hechos. Con agenda y todo.
Sé que esta escena se repite con montones de líderes. Tienen tiempo para todo:
comités, entregables, marrones, llamadas, crisis.
Pero no tienen ni 15 minutos para escucharse.
Ni para pensar con claridad.
Y no es por falta de herramientas, es por desconexión de propósito.
Porque si no recuerdas quién eres… el qué y el cómo pierden todo el sentido.
Si te pasa a ti, no es porque tengas otros compromisos. Decir eso es lo fácil.
Lo aparente.
No atiendes a esa reunión:
Porque da miedo lo que puedes escuchar.
Porque es más fácil mantenerte ocupado que mirar hacia dentro.
Porque en el fondo temes darte cuenta de que necesitas cambiar algo… y no sabes por dónde empezar.
He estado ahí. Lo confieso. Más de una vez.
Y sé que el foco no lo pierdes porque tengas demasiadas cosas que hacer.
Lo pierdes porque has dejado de estar contigo.
Liderar sin estar contigo es como intentar conducir de noche … con los faros apagados.
Sí, te mueves. Y seguramente en una buena dirección. Pero no ves.
Y tarde o temprano, eso pasa factura.
¿Qué pasaría si le dieras a tu espacio interior la misma prioridad que a respirar? No como un lujo. Sino como lo que realmente es:
supervivencia.
Cuídate, P.
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