La Gratitud y el desarrollo del liderazgo

El pasado 19 de diciembre tuve la suerte de reunirme con mi querido amigo, colega y maestro, Daniel Touris, en su casa de Montevideo. Y la suerte fue aun mayor porque esa reunión era un encuentro de los coaches de Urugay recién graduados en el excelente programa de formación de coaches de Newfield Network en Chile, El Arte del Coaching Profesional, dirigido por el gran Julio Olalla.

Poder conversar y compartir con ellos durante dos o tres horas fue un encuentro entrañable y estimulante. Y lo que más me marcó ese día fue la conversación con Daniel cuando se fueron todos. Quedamos Vero, Daniel y yo. Y Daniel nos habló con pasión e inspiración sobre la importancia de la gratitud, en nuestras vidas, en el coaching y en el desarrollo del liderazgo, actividades profesionales que ambos compartimos. De cómo para él la gratitud es una emoción fundamental a trabajar y desarrollar con cualquier líder. Quizá la más importante.

Como es habitual, reflexioné mucho sobre las palabras de Daniel. Y sí, la gratitud no es solo la expresión de una de las emociones más poderosas, el apreciar lo que tenemos de bueno en nuestra vida. También implica el desarrollo de una actitud ante la vida. Todos experimentamos momentos difíciles, en los que no podemos escoger lo que nos sucede. Pero siempre podemos elegir la actitud con la que respondemos a esos momentos. Y esta elección es también una definición de la libertad que tenemos como seres humanos. Además, es muy difícil estar agradecido y ser pesimista, o caer en la queja o en la víctima y culpar a otros, o caer en la crítica de los demás.

Y todos tenemos motivos para estar agradecidos desde que nos despertamos: una buena noche de descanso, tener un lugar seguro, protegido, confortable, personas que nos quieren a nuestro alrededor, comida para alimentarnos, un trabajo o actividad profesional por realizar, quizá. En muchas ocasiones, cosas simples que solemos dar por descontado.

En Hebreo, la palabra ‘gratitud’ se expresa hakarat ha’tov, que significa “apreciar lo bueno”, sobre todo apreciar lo bueno que otras personas han hecho por nosotros. Requiere parar, observar nuestra vida y recordar momentos en los que otros nos acompañaron y apoyaron porque les importábamos y nos apreciaban. Agradecer que un amigo ocupado dedica su tiempo a ayudarnos o simplemente a estar con nosotros, o que un jefe nos ha dado un incentivo, un premio o algún día extra libre porque valora y aprecia nuestro trabajo. Todo ello son muestras de reconocimiento y aprecio o, por qué no decirlo, de amor.

El desarrollo de la gratitud requiere una elección consciente de enfocarnos en lo que tenemos en vez de hacerlo en lo que nos falta. Nos empuja a ver la botella medio llena. Un modo de desarrollar la gratitud es dedicar tiempo cada día, unos minutos es suficiente, a apreciar las cosas buenas que tenemos en nuestra vida. Y entonces, y esto es lo más difícil, verbalizarlo, decirlo, a nosotros y a los demás, a aquellos a los que estamos agradecidos.

Puede ser tan simple como apreciar que hemos leído un buen libro, o agradecer a un profesor por una excelente clase, o decirle a un amigo que nos ha gustado el comer con él, o la conversación tenida. Es hacer consciente todo lo que tenemos y nos proporciona gozo y satisfacción. Y de ese modo, cultivando la gratitud llegamos a ser más felices.

Ese es mi deseo para este año 2012. En vez de felicidad, tan ambigua a menudo, os deseo a todos agradecimiento. Agradecimiento a Dios, si uno es creyente, o a la vida, al universo, por todo lo maravilloso que nos rodea. Agradecimiento para transformar nuestra vida, para atraer gozo y positivismo.

Acabo esta entrada con un fantástico vídeo muy personal del antes mencionado Julio Olalla, maestro de mis amigos de Montevideo, donde entre otros mensajes muy relevantes, resalta la importancia de la gratitud. ¡No os lo perdáis! Y mucha gracias, Laura, Andrea, Gabriela, Ema, Gustavo, Silvio y, sobre todo, Daniel, por la fantástica velada que compartimos el mes pasado en Montevideo; ¡Vamo’ arriba!

 

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