Eres lo que pospones
No mañana. Hoy.
Esta semana hemos trabajado con un equipo de directivos durante dos días. Gente competente, con resultados, con presión de sobra. Al segundo día hicimos un ejercicio sobre confianza.
Les pedimos algo muy sencillo: puntúa del 1 al 10 cuánto confías en los demás miembros de este equipo. No la confianza funcional; esa la tienen. Saben que el otro es competente y cumple. Me refiero a la otra. La que requiere bajar la guardia. La cercanía real.
Las puntuaciones no eran malas. Pero había un patrón. El factor más débil, en casi todos, era la intimidad. La capacidad de mostrarse sin armadura. De decir «no sé», «me equivoqué», «necesito ayuda».
Y cuando pregunté por qué, la respuesta fue siempre alguna variante de lo mismo: «no ha surgido el momento», «ya lo hablaremos», «no quiero generar un problema donde no lo hay».
Posponer.
Posponer el feedback que ya ha caducado. Posponer la conversación difícil que llevas meses evitando. Posponer decirle a un compañero lo que realmente piensas porque «no es el momento». Posponer pedir perdón. Posponer ser vulnerable.
Y aquí viene lo que nadie te dice: posponer no es neutro.
Posponer es decidir. Cada día que dejas pasar sin tener esa conversación, estás definiendo tu liderazgo. No el que planeas tener. El que tienes.
Annie Dillard lo escribió mejor que nadie: «How we spend our days is, of course, how we spend our lives.» Cómo pasas tus días es cómo pasas tu vida.
Y cómo pasas tus días como líder es cómo lideras. No hay versión futura de ti que sea más valiente si hoy no practicas la valentía. No hay un «cuando tenga tiempo» para la cercanía. El tiempo es ahora. Siempre fue ahora.
Marco Aurelio, que llevaba el peso del Imperio Romano sobre los hombros, escribió en sus notas privadas algo que siempre llevo dentro: «Vive cada día como si fuera el último. Sin frenesí, sin indiferencia, sin pretensión.» Tres negaciones. Sin frenesí: no se trata de urgencia ni de dramatismo. Sin indiferencia: no se trata de dejarlo pasar porque «tampoco es tan grave». Sin pretensión: no se trata de hacerlo para quedar bien.
Se trata de hacerlo porque es lo correcto. Hoy.
¿Cuál es la conversación que llevas semanas posponiendo? No la logística, no la operativa. Esa la tienes. Me refiero a la otra. La que te incomoda. La que requiere que te quites la armadura un momento.
Esa conversación tiene fecha de caducidad. Y cada día que la pospones, se pudre un poco más. Hasta que deja de ser una conversación pendiente y se convierte en una distancia instalada.
En CHIEF trabajamos exactamente eso.
No las competencias que te faltan, sino las conversaciones que evitas. Porque ahí, en lo que pospones, está la verdad sobre tu liderazgo.
Cuídate, P.
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