Envejecer no es opcional; envejecer bien sí.

Y depende de ti.

A punto de cumplir 34 años alcancé mi primera posición como directivo.

Era una posición muy exigente, la verdad, con jornadas maratonianas de trabajo y continuos viajes a diversos países, algunos transcontinentales.

Mi nivel de estrés se disparó. No solo por las características de mi nueva responsabilidad, sino también por mi evidente falta de capacidad y seniority para aquel reto.

Pero así se aprende en la vida.

Algo que no me faltaba entonces era fortaleza.

Me sentía indestructible, mi energía era inagotable y mi resistencia física no envidiaba nada a la de mi paisano Carlos Alcaraz.

Era uno de mis mejores activos.

No había límites físicos que me hicieran pensar en frenar o cuidarme más.

Sin embargo, lo que NO veía en ese momento era que, a pesar de sentirme en plenitud de mis capacidades, ya estaba envejeciendo.

Mi cuerpo y mente ya estaban cambiando. Hacia abajo. De manera sutil.

No era evidente en mi día a día, pero lo que no estaba cuidando entonces sin duda me iba a pasar factura más adelante.

El envejecimiento no es algo que ocurre de un día para otro.

Comienza mucho antes de lo que solemos creer, generalmente alrededor de los 30 años.

Poco a poco empezamos a perder masa muscular y nuestras capacidades físicas y cognitivas comienzan a disminuir.

Pero nadie lo nota entonces.

No somos conscientes de sus efectos hasta que alcanzamos los 40 o 50 años.

Ahí sí que empiezan a verse los primeros signos visibles.

Fatiga, disminución de la memoria, recuperación más lenta, acumulación de cansancio… Todo ello empieza a impactar negativamente en el rendimiento.

Y lo peor, también lo hace en nuestra salud. En torno a los 50 pueden venir los disgustos.

Cada vez lo veo más entre los directivos y las directivas de las empresas con las que trabajo.

Lo peor es que incluso entonces la mayoría no le presta demasiada atención.

Pero mi mensaje principal hoy es que es un error pensar que el envejecimiento comienza en la vejez.

La ciencia muestra que no es así.

Para mí empieza desde el momento del nacimiento. Mi hija tiene 10 años y sé que sus hábitos de descanso, de alimentación y de ejercicio actuales tendrán un impacto clave en su bienestar durante el resto de su vida.

Quizá yo soy un poco talibán. Lo sé.

Pero lo cierto es que a partir de los 30 el cuerpo empieza a perder entre un 3% y un 8% de su masa muscular cada década. Lo que afecta a muchas más cosas que a tu fuerza y resistencia.

Tus niveles de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que es una proteína crucial para la memoria y el aprendizaje, también comienzan a disminuir, afectando gradualmente a tu rendimiento cognitivo.

Si no haces nada para contrarrestar estos cambios, sin duda lo pagarás.

No puedo saber cuál será el precio para ti, pero sé que lo pagarás.

Tu concentración se debilitará, así como tu capacidad para tomar (buenas) decisiones. Tu estado de ánimo y tu carácter también se resentirán.

Si eres el CEO de una empresa estarás lejos de dar lo mejor de ti.

Lejos de la productividad a la que puedes aspirar y de la habilidad para dirigir equipos y personas que podrías tener.

Lejos de poder seguir mejorando como podrías mejorar.

Quizá te estás deprimiendo con lo que lees y hasta pienses que soy un cenizo.

Vale. Está bien. Déjame darte una buena noticia.

Siempre es posible retomar la buena senda.

Tanto en el plano profesional como en el personal.

La senda de dar lo mejor de nosotros para los que nos rodean. Para los que más queremos.

Eso es lo que hacemos juntos en mi Programa CHIEF.

Juntos, sí.

Porque, aunque yo puedo ser tu guía, voy por el camino como uno más.

Cuídate, P.


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