El comité no tiene el mapa completo
Y tú, desde tu silla, todavía menos.
Conecté hace poco con una imagen que Sergio Parra rescató. Ningún experto tiene más que una fracción del conocimiento que circula en una sociedad. Ni el mejor economista, ni el mejor ingeniero, ni el mejor médico. Lo que sabe, comparado con lo que hay, es una parte minúscula.
Y ese saber, además, no está ordenado.
No vive en una enciclopedia. Vive disperso, como en un cajón de los trastos.
Cada uno tiene su trozo. El señor que lleva treinta años regentando el bar de la esquina sabe cosas que no salen en ningún MBA. El operario que monta cajas de cambios desde hace veinte años sabe cosas que el ingeniero que diseñó la línea ya no recuerda. La gente corriente, entre toda, tiene más saber práctico que cualquier comité de expertos.
De ahí, dice Parra, el fracaso histórico del que pretende reorganizar el mundo desde un despacho.
A mí no me interesa esto por la geopolítica. Me interesa por la mesa de tu comité. Porque en tu mesa pasa lo mismo, a escala más pequeña y más testaruda.
Tú estás sentado en la cabecera. Tienes mejor visión del conjunto que nadie. Tienes los números. Tienes las conversaciones con los inversores, con la matriz, con el mercado. Y, casi siempre, tienes más experiencia integrada que el resto.
Por eso te crees que tienes el mapa.
No lo tienes.
En cualquier comité hay cuatro conversaciones a la vez. Llevamos años nombrándolas con clientes y la cosa se hace, cada vez, más nítida.
La primera es la oficial. La que ocurre en la sala. La que queda en acta. La que tú diriges.
La segunda es la de pasillo. La que tu equipo tiene en parejas o tríos, justo después de salir de tu reunión. La del café. La del wasap entre dos que se quedan media hora más en el aparcamiento.
La tercera es la interna. La que cada miembro de tu comité tiene consigo mismo y no se permite decir en voz alta. Lo que piensa, pero filtra. Lo que ve, pero protege.
La cuarta es la pendiente. Lo que el equipo entero sabe que tiene que abordar, y sistemáticamente posterga. Esa cosa de la que siempre se habla «el mes que viene». Y lleva año y medio siendo el mes que viene.
Cuatro conversaciones. Una sola mesa. La distancia entre las cuatro es la sombra del comité.
Y la primera, la oficial, esa que tú diriges desde la cabecera, casi nunca pasa del veinticinco por ciento del saber que hay sentado a tu mesa.
Lo que queda en acta es la vitrina del comité. Ordenada. Etiquetada. Presentable. Útil para la matriz.
Pero el saber del comité no vive ahí. Vive en el cajón.
Vive en las miradas que se cruzaron cuando cerraste una decisión sin debatirla. En el «ya te lo digo yo luego» que se quedó pendiente. En lo que tu director de operaciones lleva seis meses pensando, pero no se atreve a poner sobre la mesa porque la última vez que lo intentó le interrumpiste a los treinta segundos. En el silencio de tu director financiero cuando hablas del plan nuevo, porque sabe lo que sabe, pero también sabe el coste social de decirlo en voz alta.
Eso es el cajón. Y ese cajón es donde vive el setenta y cinco por ciento restante.
Cuando dices «mi comité no está a la altura», lo más probable es que el problema no sea que les falte saber. Es que tu sistema solo deja entrar el saber que cabe en la vitrina.
Esto cuesta mucho aceptarlo desde el primer ejecutivo. Lo veo en los comités constantemente. Porque la creencia operativa del CEO, sin que se diga nunca explícitamente y aunque sea una persona humilde y que escucha, suele ser: yo soy el que más sabe de aquí, y por eso decido.
Y a veces es verdad. Pero solo a veces.
La pregunta más útil que un primer ejecutivo puede hacerse cada semana no es ¿qué decisión tengo que tomar?
Es otra.
¿Qué se está diciendo en mi comité que no me llega?
¿De qué se habla en el cajón que yo todavía no he abierto?
¿Cuántas de las decisiones del último trimestre las tomé yo en mi despacho cuando, en realidad, alguien sentado en mi equipo ya tenía la respuesta y no la dijo?
Si alguna de estas preguntas te interpela, ya tienes por dónde empezar esta próxima semana.
Cuídate, P.
P. D. El modelo de las cuatro conversaciones del comité lo tienes en nuestro perspectivas de hace un mes.
P. P. P. D. Agosto, por cierto, va a ser distinto. Cinco domingos, una historia en cinco entregas. Se llama El comité. Es ficción. Es ligera. Engañosamente ligera, espero.
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