El árbol no es sólo la copa
Lo que sostiene tu liderazgo no se ve
Hace años, Bob Anderson dibujó el liderazgo como un árbol. La copa, frondosa y visible, era lo que tu equipo ve de ti cuando tienes margen. Cuando los recursos llegan, cuando la energía está alta, cuando el negocio acompaña.
Las raíces, bajo tierra, eran la otra mitad. La que aparece sin que nadie la haya invitado, cuando todo se complica.
Cuando un líder se presenta, enseña la copa. Cuando se desmorona, lo hace por las raíces.
Llevo casi veinte años sentado al otro lado de la mesa de muchos directivos brillantes. Sé reconocer la copa enseguida. Visión, foco, capacidad de logro, integridad, propósito. Esa parte es la que los llevará a su despacho. La que llena sus CV, los premios y su página de LinkedIn.
Pero la parte que pierde batallas, la parte que rompe equipos, la parte que quiebra relaciones está abajo. Y casi nadie la mira.
Recuerdo a una directora general de la filial española de una empresa del sector salud. Brillante. De las que no se conocen muchas. Visión, orden, empuje. Los resultados, año tras año, en lo más alto de la corporación. Si le hubieras puesto delante un test de liderazgo basado en su autoevaluación honesta habría salido en el percentil 95 en todo lo importante. Propósito, decisión, coraje, integridad.
Su informe 360, en cambio, contaba otra historia. Su equipo llevaba dos años de rotación constante. Cuatro directivos claves perdidos en dieciocho meses. Las entrevistas de salida en Recursos Humanos repetían siempre la misma frase, con palabras distintas: «Es muy buena profesional. Pero trabajar con ella es un infierno.» Cuando le enseñé el informe me dijo algo que no he olvidado. «Yo pensaba que, si lográbamos los números, todos estarían orgullosos de trabajar conmigo.» Lo estaban. Y se estaban yendo. Las dos cosas a la vez.
Su copa cosechaba reconocimiento. Sus raíces cosechaban bajas.
Lo curioso es que las raíces no son el enemigo. Bob Anderson dice algo a lo que muchos no prestan la debida atención: la mitad reactiva tiene regalos.
El líder controlador trae mejora continua, ambición, integridad para hacer lo que no es fácil hacer. El líder complaciente trae lealtad al propósito, servicio, sensibilidad. El líder protector trae discernimiento, fortaleza de carácter, capacidad de mentorizar. No se trata de cortar las raíces. Se trata de saber cuándo te están sosteniendo y cuándo te están traicionando.
Pero para eso primero hay que mirarse bien en el espejo.
¿Cuándo fue la última vez que alguien te devolvió, con datos, cómo te percibe tu equipo cuando se acaba el margen? No cuando todo va bien, sino cuando el cansancio aprieta, cuando alguien te toca donde más duele, cuando la presión sube. Esa es la mitad que pierde batallas. Y es la única que no se puede ver desde dentro.
Por eso hemos abierto un nuevo formato dentro de Addventure. Se llama Speculum. Del latín, espejo.
Es lo que llevo casi dos décadas haciendo en nuestros programas largos, condensado en una pieza accesible: un perfil 360 con el Leadership Circle de Bob Anderson, y tres sesiones de trabajo conmigo para mirarlo entero. Tu copa y tus raíces.
No se trata de arreglarte. Sino que se trata de que sepas qué partes de ti son las que te van a sostener en la siguiente etapa, y cuáles, sin que te enteres, te están desgastando.
Cuídate, P.
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