Cuando tu equipo ya no te cree
Pero no te lo dirán
Este correo va sobre una mentira que sobrevuela con frecuencia en los comités de dirección.
Una que tú no dices… pero tu equipo escucha.
Una que muestras cada vez que hablas de que en tu empresa os preocupa el bienestar de vuestros empleados, que tenéis políticas de “wellbeing”, mientras tu energía se cae a pedazos.
Una que destroza tu integridad cada vez que defiendes la importancia de “cuidarse”, mientras tú mismo llevas semanas sin dormir, sin parar, sin respirar.
Este correo es una llamada de atención.
Porque puedes estar erosionando tu liderazgo sin darte cuenta.
Hace poco, trabajando con un comité de dirección, el CEO terminó con una intervención inspiradora. Bueno, esa era su intención.
Le gustaba leer los artículos de Xavier Marcet y se puso a hablar de propósito, de la importancia de cuidar al equipo, de liderar desde la integridad.
Silencio. Pero no silencio respetuoso. Sino ese silencio que pesa y se corta.
Silencio. No de esos que honran. Sino ese otro: denso, incómodo, que se te mete en el pecho.
El que dice sin decir: “no te creemos, pero tampoco vamos a discutirlo”.
Y no era porque el mensaje fuera malo. Era porque no había coherencia entre lo que decía y lo que su equipo veía en lo cotidiano.
Porque todos veían su cansancio.
Su falta de presencia real.
Su prisa.
Su falta de escucha.
Y cuando eso pasa, no importa lo bien que comuniques. No importa lo estratégico que seas.
Tu equipo te escucha… pero no te sigue.
Asienten… pero no se comprometen.
Cumplen… pero sin poner el alma.
Y tú no entiendes por qué.
Porque, en el fondo, sigues trabajando como un c… y creyendo que lo que haces “es suficiente”.
Pero no lo es. No es cuestión de cuánto trabajas sino de cómo lo haces.
No se trata de que hagas más. Quizá incluso debes hacer menos.
Porque tu liderazgo se resiente cuando se percibe incoherencia.
Cuando dices una cosa… y tu lenguaje corporal revela otra.
Cuando pides confianza… pero proyectas inseguridad.
Cuando exiges compromiso… y tú mismo estás ausente.
Sé que esto que digo es duro… Y también sé que nadie te lo va a decir directamente.
No está en los KPIs.
No te lo pone el CFO en su informe.
Pero lo notas. Lo intuyes.
La buena noticia: puedes reconstruir esa confianza.
No con discursos; tampoco con más presentaciones.
Sino volviendo a ti.
A tu esencia.
A tu coherencia.
A ese punto donde liderar no es decir… es ser.
Sé que lo puedes hacer. Créeme. Lo he visto decenas de veces. Y no te imaginas cómo vale la pena.
Cuídate, P.
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