Cuando el CEO polariza
Y solo está evitando lo incómodo
Hace unos meses, en una reunión de comité, el CEO, que llevaba semanas frustrado con la falta de avances, cortó la discusión en seco:
«A ver, o ponemos el foco total en la rentabilidad, como algunos defendemos, o seguimos entretenidos con estos temas de propósito, cultura y sostenibilidad que están bien, pero ya nos ha hecho perder seis meses del año.» Silencio. Nadie replicó.
Algunos asintieron con la mirada baja. Otros cruzaron los brazos.
Y yo, que estaba allí precisamente como el del propósito y la cultura, solo pude sonreír por dentro.
No porque no me doliera.
Sino porque ya he estado en ese trance demasiadas veces.
Y sí, a veces polarizar funciona.
Activa. Acelera. Da sensación de control.
En política incluso puede ser una estrategia deliberada: divides a la sociedad, refuerzas tu base, marcas territorio.
Pero un comité de dirección no es una campaña electoral. No se convocan elecciones. No necesitas enemigos internos para legitimar decisiones.
Y cuando aplicas esa lógica en tu CoDir, el precio es alto.
Porque al dividir así, los de negocio vs los que gastan, los que empujan vs los que ralentizan, no solo tomas una posición: reduces la complejidad a un dilema inútil. Se apaga la inteligencia colectiva.
Y tu empresa empieza a girar alrededor de tu impaciencia, no de lo que realmente necesita.
Lo más paradójico es que muchas veces eso se hace creyendo que es liderazgo.
Que es visión. Que es foco.
Pero, en el fondo, es una forma de evitar el vacío que produce no tener una respuesta clara.
De huir de la incomodidad que genera sostener conversaciones tensas sin poder cerrarlas aún.
De no exponerse al riesgo de que tu equipo piense distinto… y que eso esté bien.
Eso no te hace menos líder. Te hace humano.
Pero también marca un límite.
¿Vas a seguir liderando desde la urgencia de avanzar como sea, aunque eso implique dejar de escuchar lo que está emergiendo?
¿O estás listo para un tipo de liderazgo que no simplifica, sino que amplía?
Que no refuerza trincheras internas, sino que aprende a moverse en territorios mixtos, contradictorios y fértiles. Que entiende que sostener la tensión entre lo que empuja y lo que cuida… no es pasividad.
Es madurez.
Liderar no es imponer dirección.
Es expandir el campo desde el que se vuelve posible decidir con otros.
Y eso, aunque lo parezca menos, es mucho más eficaz que polarizar.
En Addventure trabajamos con líderes que ya no quieren elegir entre el control y la complejidad. Que intuyen que el siguiente nivel no va de saber más, sino de ver distinto.
Si estás en ese punto, quizá sea el momento de tener una conversación.
Cuídate, P.
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