Cuando atacar a la persona te lleva por mal camino
y no resuelve el problema.
Hoy te voy a compartir sobre la falacia Ad Hominem y cómo, al atacar a la persona en lugar de a sus ideas, puedes socavar tu liderazgo y dañar la confianza de tu equipo.
Una de las grandes oportunidades que me da mi trabajo como coach de alta dirección son las sesiones de shadow coaching. En la sombra, calladito, asisto a las reuniones de mis clientes con sus equipos.
Observo a mi cliente, el CEO o director general de la empresa, así como las dinámicas relacionales que se dan en su equipo. Es increíble todo lo que he aprendido en todos estos años con esas observaciones.
En una de esas debatían una propuesta para mejorar la eficiencia de las operaciones mediante la adopción de una nueva tecnología.
Un miembro del equipo expresó dudas sobre el retorno de la inversión.
Y mi cliente dijo algo así como:
“Sinceramente, a veces siento que eres demasiado conservador en tu forma de pensar. No me extraña que siempre veas el vaso medio vacío cuando hablamos de inversiones”.
Es posible que mi cliente tenga razón y que ese directivo sea demasiado conservador. Pero eso es irrelevante para lo que tú puedes aprender con esto.
En lugar de abordar el argumento o el punto que alguien presenta, se ataca a la persona que lo hace.
En lugar de refutar la idea o analizar la propuesta, se desacredita a la persona para evitar entrar en el fondo del asunto.
Mi cliente, un CEO experimentado y brillante, cayó en esta trampa sin ser muy consciente de ello.
Como suele suceder con los ataques personales, su comentario generó malestar y resentimiento, no solo en la persona cuestionada sino en más miembros de su equipo; y tampoco contribuyó a resolver el tema.
Fue un golpe innecesario y su liderazgo perdió legitimidad.
¿Por qué le ocurre esto a los buenos profesionales?
A menudo, cuando enfrentas críticas, tu instinto es protegerte. La crítica puede sentirse como un ataque a tu identidad. O un contratiempo a tus deseos.? Así, en vez de abordar el mensaje, atacas a la persona para evitar la incomodidad de admitir errores o fallos. O la de no saber qué hacer.
Paradójicamente, cuanto más inteligente eres, más fácil te resulta justificar este desvío, usando tu inteligencia para esquivar el verdadero problema.
El impacto en tu equipo o en tus relaciones Utilizar la falacia Ad Hominem no solo compromete la calidad de las conversaciones, sino que también daña las relaciones interpersonales.
Al atacar a alguien, por sutil que sea este ataque personal, estás creando una barrera emocional que dificulta la colaboración y la confianza con esa persona y con todo el equipo.
Tanto en el trabajo como fuera de él, los ataques personales generan resentimiento y distancia.
En resumen, el uso de la falacia Ad Hominem perjudica a tu liderazgo, a tu autoridad, y te aleja de soluciones productivas.
Cómo evitar la falacia Ad Hominem En mi Programa CHIEF trabajamos a fondo cómo mejorar tus superhábitos como CEO que harán que evites este tipo de trampas.
Aquí te dejo dos para que puedas evitar esta falacia:
Céntrate siempre en los argumentos. Cuando te enfrentes a una crítica o a un desacuerdo, enfócate en el contenido del mensaje, no en la persona que lo presenta. Pregúntate qué puedes aprender de ese comentario.
¿Hay algo de verdad en el mensaje que puedas usar para mejorar?
Evita el juicio rápido. Es fácil caer en el ataque personal cuando estás estresado, cansado o bajo presión. Toma consciencia de ello, haz una pausa (aunque solo sea mental) y evalúa si realmente vas a responder al argumento o solo vas a reaccionar como no deberías.
Cuídate, P.
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