Constancia y paciencia: La fábula del bambú

En mis procesos de coaching con directivos constantemente me enfrento al reto, a la exigencia diría yo, de dar resultados concretos y prácticos a corto plazo. Tanto las empresas, representados por su DG o DRH, como los propios clientes exigen, como no puede ser de otro modo, un retorno sobre los recursos que invierten. Exigen poder medir y evaluar el retorno de sus inversiones. Así debe ser. Los recursos son escasos y la resposabilidad de administrarlos bien debe estar siempre presente:  frente a los accionistas si son organizaciones privadas, frente a los ciudadanos y contribuyentes sin son organizaciones públicas o subvencionadas, y frente a los empleados y la sociedad en general en todos los casos.

La clave aquí es cómo se mide el retorno de la inversión, los resultados, en el coaching. Sin duda hay retorno rápido y visible en los procesos de coaching, tanto individuales como en los de equipo. Aunque también hay que ser conscientes de que la mejora en no pocas ocasiones es mayor de lo que en principio se aparenta.

Cuenta una fábula que un agricultor japonés decidió un día plantar bambú. Había estudiado bien algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo convierte en no recomendable para impacientes: siembras la semilla, la abonas, tienes que regarla constantemente y durante mucho tiempo no pasa nada.

En realidad, no pasa nada con la planta durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas no fértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece… ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitiría sostener el crecimiento que iba a tener después.

En la vida cotidiana, no solo en el coaching, queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos inmediatos, sin entender que el éxito es simplemente resultado de un crecimiento interno que requiere tiempo. Seguro que todos reconocemos periodos en nuestra vida en los que esforzándonos en conseguir algo parecía que no avanzábamos, para de repente darnos cuenta de que habíamos alcanzado un nuevo hito, una nueva capacidad o dominio.

“Si no consigues lo que anhelas, persiste y no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…”

 

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